La luna: Inmortalidad y presencia

juan guzman fotografia

                                                                                                                                         Luna creciente. Fotografía: f/11, 1/160s, ISO 100

Según la luna crece se deja ver más nuestra sombra.

La regla de oro de los sembradores es que:

En luna nueva siembras todo lo que crece hacia abajo,

en luna llena todo lo que crece hacia arriba.

Y no es superstición, es la incidencia del satélite

en la energías de nuestro planeta, las mareas,

el moviento de la savia en las venas de la flora

y de los fluidos de nuestro cuerpo.

La luna llena guarda una relación tradicional

con la expansión, con la alegría,

con la capacidad de acoger y dar.

El budismo ve en la luna quietud,

los de raza amarilla relacionan la luna

con la inmortalidad,

en el continente del kilimanjaro

al verla piensan en la muerte.

En la América originaria asociaban la luna

con El Gran Espiritu.

Quietud, inmortalidad, muerte y presencia,

evoca el compañero de viaje del planeta azul.

Al fotografiar la luna veo como un espejo

que permite meditar sobre el universo,

los ciclos del tiempo y la luz que crece

y decrece así como ocurre con nuestra

propia vida.

24 de febrero, 2021

Santiago, RD

Luna menguante

luna menguante

 

Luna de Mayo 15 (2:51 a.m.)
Decrece a los ojos de la madrugada esta compañera de viaje de todas las generaciones.

¨Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza¨ Apocalipsis 12:1

“La Luna crece y decrece, desaparece, su vida está sujeta a la ley universal del devenir, del nacimiento y de la muerte” Mircea Eliade

“Siempre debemos sembrar mientras la Luna crece, y cortar o recolectar cuando decrece” Paladio

¨Nunca más se pondrá tu sol, ni menguará tu luna, porque tendrás al SEÑOR por luz eterna¨ Isaias 60: 19-20

Luna de Mayo

juan guzman derechos reservados
Juega con los cocoteros
y las flores cercanas,
como una niña en su escaparate
se quita y se pone las prendas.
Su cara ancha mira el mundo
mientras la brisa
mueve los sedosos refajos
nocturnos de la tierra.
Mientras,
unos y otros,
miramos el reloj del tiempo
al acecho, a la espera,
espabilados.
Pretendiendo inútilmente
encontrar un tiempo
parecido en las historias
ancestrales.
Pero no!
Ni centenario, ni guerra,
ni dictadura provocó
tanto miedo
como esto invisible
y extraordinariamente
publicitado.
Por suerte llega luz
conocida y reflejada
desde esta moneda
redonda y rubia
que ha invadido la noche.
Noche de mayo.