Desde las orillas del embalse presa de Taveras se pueden apreciar ejemplares de la vegetación originaria del lugar, su resistencia y la forma graciosa en que se ha adaptado su forma al relieve. Las pequeñas barcas muestran que, a pesar de todo, los afanes del hombre continuan más allá de las novedades sanitarias.

Bajo un sol plomizo de medio día llegamos a orillas del embalse de la presa de Taveras. El plato azul intenso del agua deja ver las corrientes que bajan de las altas montañas a través del río Yaque del Norte y sus afluentes, en forma de trazos sigsageantes de color ligeramente más claro que aquellas quietas aguas del lago.

A la distancia la vida de las comunidades de la vertiente sur del embalse. Viviendas, espacios para ganado y muy poca agricultura.

La vida de estas núcleos rurales ha cambiado con el tiempo, antes eran productores de café, viandas, ganadería de pequeña escala y doméstica; en la actualidad es horrible el impacto que ha tenido el hecho de que aquellos adquirientes de terrenos  pretenden una ganadería de montaña destruyendo el bosque, las fuentes de agua y la propensión a un hábitat que de lejos luce bonito pero en su matriz de origen se deteriora.

No obstante, pasar un rato en la soledad de las orillas, sentir la briza que baja montada sobre el resbaladizo tren de las aguas, nutre el espíritu y el alma se llena de azul y paz; necesario en este tiempo de confinamiento.

Por cierto que allí encontramos un restaurante (Rancho tíco los framboyan de Teo) que al entrar tiene una pancarta:  ¨SOLO PARA LLEVAR¨.

Me gustó ver las azules botellas de spray de alcohol a ambos lados del pasadizo de entrada, el lavamanos con suficiente jabón líquido y papel toalla,  además de todas las sillas con ¨las patas para arriba¨ esperando otro tiempo para nuevos comensales.

La oferta es simple pero de mucha calidad: Peces de agua dulce y peces de mar.

Cuatro personas atienden las diversas funciones para un reducido público que parece conocer las bondades culinarias del lugar.

Con las medidas pertinentes podemos hacer ejercicio de breves aventuras de turismo local, tomar fotografía y sentir esa libertad que regalan la briza y la distancia.

3 de Junio 2020