La historia documentada del flamenco no es mucho más vieja que la de la fotografía. Casi todo lo que se sabe sobre lo jondo -que es mucho menos de lo que algunos propugnan-, está fotografiado. Y hay un paralelismo crucial entre ambas artes que ha facilitado a los investigadores la construcción del croquis flamenco: la estética de la foto se corresponde casi siempre con la estética del género cabal en la fecha en la que fue tomado el retrato. Las fotos que a lo largo de casi dos siglos han mostrado imágenes flamencas arrojan mucha más información que la meramente artística o emocional.