Tu Eres sacerdote para siempre…(Hb 5, 1-6)

El Jueves Santo pasado, día en que recordamos la institución del sacerdocio y pasada la novena de duelo por la partida de Monseñor Pedro Vinicio Disla Almanzar, aún y con la congoja latente me aventuro a escribir esta nota.

Conocí a Vinicio el 23 de Junio de 1973. Un grupo de jóvenes de Estancia Nueva, Moca, habían iniciado el proceso de formación de un club cultural y ese sábado habían convocado a otros muchachos entre los que me encontraba. El motivo de la invitación fue la visita del padre Vinicio Disla quien junto a Monseñor Gilberto Jiménez manejaban la parroquia del Rosario de Moca.


En medio de la reunión se propuso la formación de una directiva para que tomara la conducción de la formación del colectivo. Alguien sugirió mi nombre y por primera vez Vinicio se dirigió a mi con el tono de cariño y hasta cierta picardía que le caracterizaba y que le conocí con los años : ¿Tu piensas que puedes dirigir esta juventud? Me preguntó. -Sí, yo puedo!, le contesté.


El grupo se formó y ya mis compañeros conocen la historia, pero paralelo a ello entre el padre Vinicio y mi persona se desarrollo una amistad que duró viva y fecunda hasta el día de su partida.


Casi 47 años de un vínculo con un pastor que me supo inspirar, fue una fuente permanente de alegría en todo tiempo para mi; un guía espiritual excepcional aún y conociendo lo compleja de mi personalidad.


A pocos meses me involucré en la pastoral juvenil, comenzando con el cursillo en la herradura, acompañaba a Vinicio al programa sabatino Luz en el aire por Radio Amistad e iniciamos un periplo de andanzas por los campos y comunidades bajo responsabilidad de la parroquia del Rosario.


Con Vinicio conocí los pastores de nuestro tiempo y los actuales también. Le gustaba visitar a Mons. Mamerto Rivas en Barahona, a Mons. Tomás Francisco Reilly en San Juan de la Maguana, al padre Benito Taveras (oriundo de mi tierra) en Higuey, pero su viaje preferido era ir con frecuencia a Los Montones a visitar a Mons. Roque Adames.


Como anécdota quiero narrar que un día, muchos años después del inicio de nuestra amistad, me llama y me dice: -Llévate la camioneta roja y ve a Santo Domingo para que traigas a Licey a una persona que trae algunas cosas.


El encargo lo recogí en el Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino. Unos cuantos baúles y un personaje de mirada penetrante: el padre Freddy Bretón (nuestro actual Arzobispo de Santiago de los Caballeros) había regresado de sus estudios en Roma y me tocó traerlo a la casa de sus padres en Licey.


Así, discreto y dador de confianza era Vinicio, un sacerdote nacido del campo y que vivió siendo hombre amante de los montes, de la palabra y de la música.
Un sacerdote para siempre! Un padre espiritual para mi.

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