Como urbe mediterránea, la ciudad de Santiago está conectada con todas las regiones del flanco norte de la cordillera central, siendo lógicamente la principal aquella que le conecta con la ciudad de Santo Domingo, la capital, y las provincias del eje este-oeste que de encuentran en el trayecto.
La llave de entrada a Santiago desde la autopista Duarte es el distribuidor, la rotonda, del patrón santiago que abre sus brazos para conectar al sur y centro de la ciudad por la calle El Sol y con la parte norte del centro urbano por la Av. Las Carreras.
Esta toma aérea describe el enunciado e ilustra el sentido de movilidad y el entorno de la rotonda del patrón Santiago.
Desde las orillas del embalse presa de Taveras se pueden apreciar ejemplares de la vegetación originaria del lugar, su resistencia y la forma graciosa en que se ha adaptado su forma al relieve. Las pequeñas barcas muestran que, a pesar de todo, los afanes del hombre continuan más allá de las novedades sanitarias.

Bajo un sol plomizo de medio día llegamos a orillas del embalse de la presa de Taveras. El plato azul intenso del agua deja ver las corrientes que bajan de las altas montañas a través del río Yaque del Norte y sus afluentes, en forma de trazos sigsageantes de color ligeramente más claro que aquellas quietas aguas del lago.

A la distancia la vida de las comunidades de la vertiente sur del embalse. Viviendas, espacios para ganado y muy poca agricultura.

La vida de estas núcleos rurales ha cambiado con el tiempo, antes eran productores de café, viandas, ganadería de pequeña escala y doméstica; en la actualidad es horrible el impacto que ha tenido el hecho de que aquellos adquirientes de terrenos  pretenden una ganadería de montaña destruyendo el bosque, las fuentes de agua y la propensión a un hábitat que de lejos luce bonito pero en su matriz de origen se deteriora.

No obstante, pasar un rato en la soledad de las orillas, sentir la briza que baja montada sobre el resbaladizo tren de las aguas, nutre el espíritu y el alma se llena de azul y paz; necesario en este tiempo de confinamiento.

Por cierto que allí encontramos un restaurante (Rancho tíco los framboyan de Teo) que al entrar tiene una pancarta:  ¨SOLO PARA LLEVAR¨.

Me gustó ver las azules botellas de spray de alcohol a ambos lados del pasadizo de entrada, el lavamanos con suficiente jabón líquido y papel toalla,  además de todas las sillas con ¨las patas para arriba¨ esperando otro tiempo para nuevos comensales.

La oferta es simple pero de mucha calidad: Peces de agua dulce y peces de mar.

Cuatro personas atienden las diversas funciones para un reducido público que parece conocer las bondades culinarias del lugar.

Con las medidas pertinentes podemos hacer ejercicio de breves aventuras de turismo local, tomar fotografía y sentir esa libertad que regalan la briza y la distancia.

3 de Junio 2020

Valle de Bao

A propósito del silencio de estos días les comparto el texto de una publicación que escribí un tiempo atrás pero esta vez acompañada de una imagen del Valle de Bao.
Un remanso de quietud a mitad de camino entre Mata Grande y el Pico Duarte, donde nace el río Bao.
Este, como un niño, deja rodar sus primeras aguas entre pajones que se mesen bajo las pezuñas de los mulos que ramonean en la quietud de la tarde.
Un lugar de encuentro con la paz.
…..
El caminante de montaña está sujeto a diversas pruebas de resistencia física: frío, terrenos inestables, lluvia, noches tormentosas, largos y empinados trechos, precipicios y bajadas.
Pero existe una prueba que no está regularmente en los manuales de parques
y senderismo, es la prueba del silencio.
Las montañas son templos del silencio.
El silencio de las alturas es una prueba de tal magnitud que su disfrute está reservado a aquellos que suelen rondar los ámbitos delicados de la contemplación.


Si no estás preparado para convivir con el silencio en lugar de orientarte te desorientarás ya que él te empuja al encuentro con la más alta es escabrosa de todas las cumbre humanas: tu propio yo.
Y no siempre se acoge ese encuentro con beneplácito. A veces buscamos las distancias de las alturas para que nos alejen de nosotros mismos.


Si el acompañante vibra en la misma sintonía distraída y pasajera, rellenando los tiempos de silencio con distracciones propias de la mundanidad, entonces no habrá dificultad en convivir de segunda mano con las alturas.
Pero si, iluminado, decides poner tu vida en armonía, emprendes el viaje y escucha el viento y las cascadas, mira las distancias y saciado te preparas para estar contigo en esta comunión maravillosa de las alturas; entonces el viaje se transforma en una elevada e íntima experiencia espiritual.