
El eco de las expresiones “jarinita”, “esta norteando!”, resuenan en mi memoria
como signos de una época en que los fenómenos climáticos eran previsibles y parte
del accionar de la comunidad. Tiempo de siembra, tierra húmeda que embadurnaba
de negro hasta lo más hondo del esfuerzo humano, humus de una tierra bendita,
tierra de mi Moca natal. Surco de “semilla de tabaco”, dicotiledonea esperanza de
cosecha en la cuaresma era el nitrogenado brote de las habichuelas
Cuando veo venir sobre la quilla terrena de la protuberancia de arroyo del Toro estas
nubes arrastrandose sobre la loma, como fluidas serpientes invernales, no puedo más
que pensar que, a muy pesar de la agonía humana, la naturaleza se recrea y puja
como madre en parto, por su ciclo vital.
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Con claridad podíamos escuchar la sinfonía del canto de los grillos que comenzaba a apagarse.
La tenue penumbra abría lentamene sus telones y ya dejaba ver el trillo entre los pajones de hierba repleta de rocio y las marcas de herraduras a medio llenar con remanentes de agua de lluvia.
El machete en ristre y los pies descalzos no se sentían como vestimenta, los púrpuras y alegres rosados del nuboso amanecer anunciaban una soleada jornada. En mi memoria, como un sello de tinta indeleble, llevo la marca de los amaneceres de mi tierra natal: Moca.
Juan Guzmán.
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Estampas de la ciudad corazón.
El diálogo mañanero de la fachada 151 de la Calle Sabana Larga
de Santiago de los Caballeros y el parquimetro No. 27, que han dejado
abandonado allí, es especial.
La casa habla por su oscura y estillada boca, mientras un brazo
vegetal orada el espacio geográfico que por naturaleza pertenece
a la carcoma. Cuenta como cayó “en mala” después que
Patrimonio Urbano (la oficina provincial) le hecho el ojo, siendo
finalmente abandonada a la suerte de bandalos, polillas y naturaleza
que la están derrengando hasta el borde del colapso.
El parquimetro se queja de la ingratitud manifiesta desde aquel día
en que, en florido discurso, un señor gordo él, dijo que ellos eran el
símbolo de la modernidad de la ciudad.

La Junta era un llamado comunitario para ir en auxilio de uno de los vecinos, ya para hacer “una tumba”, realizar la cosecha de un producto, cobijar una vivienda, en fin. La junta era una expresión de colectivismo rural penosamente en decadencia.
Las juntas de vecinos de hoy resultan una expresión de esa costumbre muy popular en otros tiempos y principalmente en el campo, la diferencia está en que aquella carecía de reglas establecidas y el fin primario era la solidaridad.

Arbol de Ceiba, localizado en la comunidad de Licey, Santiago.
Tiene una edad de aproximadamente 9 siglos. Declarado como
Monumento Natural. Patrimonio Historico Dominicano.
(ceiba pentandra, bombacaceae)

El drama de los habitantes de las serranias nuestras es silencioso.
Un dia visitas un campo con 30 o 40 familias y de repente cuando regresas
todo esta vacio.
A saber, algunos se fueron “cerca de la carretera” otros “al Reparto Peralta” y la mayoria aparece un “Queens”, “Bronx”, “W. Heights”.
Los encuentras mas facil en un atardecer Newyorquino que bajo un pinar.
Dejan todo atras: Su casa, sus tierras y su historia. Aunque parte de esta ultima, los jirones de su historia, le siguen hasta la sombra al compas de tenues murmullos del Jagua, del Bao y de las bandadas de cotorras.
Yo lo se…….

Si estas manos pudieran hablar.
Lo mas seguro es que nos contarian cuantas veces fueron
al rio a lavar la ropa de la familia.
Posiblemente: cuantas veces movieron las tizones del fogon
cuando el humo hacia brotar lagrimas de sus vecinos ojos.
Nos dirian que no saben lo que es eso de “manicure”,aunque
ya aprendieron a marcar los numeros del vastago que vive en
el extranjero, aquel a quien tantas veces asearon en su infancia.
Estas manos han llevado las cuentas de la oracion,
han cortado flores silvestre para adornar el altar del hogar.
Estas manos….
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El vino a buzcar agua a la vencidad, desde alla donde cotidianamente riega la tierra con su sudor de inmigrante. Detras una criaturita que por diminuta no dejaba de ser interesante, seguia los pasos de su progenitor.
Despues de un rato los vi marcharse por el sendero bordeado de pinos.
Deseaba capturar este momento.
El ¨arete¨ de una vieja y corroida ancla me sirvio de marco visual.
El padre con la basija a cuestas, seguido por su bastago. Sus diminutos pies siguiendo los pasos, los brazos en danzante armonia y las cabezas de ambos mirando en un mismo angulo….
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La memoria es un campo de maravillas donde las imágenes, como un perfecto caleidoscopio, se van sucediendo y suplantando la una a la anterior; en ocasiones con una notable tendencia a la repetición y fijación final de las bellas, tiernas y memorables.
Hoy, buscando en negativos, vistas fijas, impresiones y en el ordenador, alguna de las fotografías tomadas durante más de dos décadas de amistad con un grupo de personas de incalculable valor humano, entre las que se encontraba nuestro hermano Jesús Natalio Puras Penzo –APECO, encontré esta foto.
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Cada especie posee su mecanismo de supervivencia.
Esta diminuta flor se convierte en un manojo de semillas
cuyas vellosidades le permitirán llegar lejos y así no
nacer todas en el mismo lugar.
He visto cuando se desprenden y se dejan llevar danzando,
como rumbo a una fiesta a la libertad.
Todos hemos sufrido cambios en nuestras vidas, algunos
circunstanciales y otros por nuestra propias decisiones,
de seguro estas experiencias han dejado trazos de
sabiduría en nosotros y como parte de la felicidad del
hombre reside en conocer y aceptar la razón de su existencia,
entonces, dado este paso, podremos hacer de nuestros actos,
palabras y presencia, semillas que vuelen:
semillas de libertad.









