¨Para conocer a alguien de verdad, no hay que curiosear sobre sus pensamientos, sino sobre lo que ama.¨(San Agustín)

Fabio Mamerto Rivas Santos y Vinico Disla.

Naturaleza, cultura, arte y testimonio de la verdad.

Discurría la última mitad de la década de los años ochenta y transitaba, acompañando a Mons. Vinicio Disla, la carretera del sur. Camino de distancias y montañas que de pronto recordaban los desiertos del evangelio.

A poco rato nos abría la puerta de su casa, Mons. Mamerto Rivas, primer obispo de Barahona.

La tarde fue corta para visitar barrios, congregaciones religiosas, obreros y amigos. El pastor nos mostraba con sencillez y alegría su gente, el espacio que desde 1976 compartía con esa porción del pueblo de Dios. Su oasis de fecundidad pastoral en medio de un clima abrazador.

La noche nos regaló un espacio fresco para compartir con Mons. Rivas, con Mamerto. En el patio, en la ramas bajas de un árbol perchada, una cotorra repetía palabras y frases cortas a la que él contestaba. Un diálogo bello y simple, lleno de confianza entre el ave y el pastor. Una síntesis breve de su armoniosa relación con la naturaleza.

Además, preparada como para recibir convidados, también había allí una mesa de jugar domino. Me avergüenza decir que habiendo nacido en una familia ducha en este deporte de mesa, no pude ganarle una sola partida a Mons. Rivas.

Parece que Mamerto se dio cuenta de mi estado «apaleado» y nos invitó a una terrasita interior donde yo había visto al inició de la tarde un piano clásico. Este Obispo, nacido en Cabirmota, La Vega, tocó con exquisitez para nosotros unas hermosas partituras clásicas.

Aquel fue el primer encuentro de muchos que tuve con Mons. Mamerto Rivas, además de ser un seguidor de su vida pública y sus opiniones sobre temas nacionales.

En todo tiempo un pastor que habló en el mismo lenguaje de su rebaño, lenguaje llano y sincero, verdades cargadas de la contundencia de la sencillez.

A partir del año 2000 Mamerto Rivas dirigió la Pastoral de Ecología y Medio Ambiente de la Conferencia del Episcopado Dominicano. No me extraño esa asignación más, en la postrimerías de su oficio pastoral público, ya lo veía hablar con las cotorras muchos años atrás.

Fabio Mamerto Rivas partió a la casa del padre el 11 de Agosto del 2018 y Vinicio Disla el 1ro. de abril de este año 2020.

Eternamente agradecido!

 

mimos

La tristeza estaba devastada, hacia mucho tiempo que no se dedicaba a estar  tantos lugares al mismo tiempo, era debastador. De continente a continente los corazones le habrían las puertas. Un espécimen inundaba el mundo con dolor y la tristeza ya no tenía que pedir permiso.

Enterado del caso el desconsuelo salió de su refugio en busca de la tristeza, fue de oriente a occidente hasta que al fin la encontró. Era tal el estado de ésta, agotada, que el desconsuelo confirmó los rumores que había escuchado a su paso y vió que la tristeza se había multiplicado tanto por el planeta que poco servirían sus intentos de molestarle y decidió quedarse, con discreción, a acompañarla y tomar un poco de su trabajo. Entonces todos los día se ve por los portales del mundo tristes anuncios acompañados de un enorme desconsuelo.

¿Cómo nos está pasando esto?, ¡Qué alguien me diga cuándo terminará la tristeza su trabajo porque ya no da más! Gritaba el desconsuelo en las puertas de los hospitales y al borde de aquellas enormes fosas silenciosas.
Era primavera y mientras la alegría estaba distraída en lo suyo por los campos, pero de pronto se dio cuenta que muchos jardines estaban mustios, con flores secas abrazadas a los tallos sin vida y al preguntar le dijeron que esa gente ya no vivía allí, que vino por ellos gente que se movía muy rápido y en sigilo. Al preguntar la alegría por sus años le dijeron que eran gente muy alegres pero mayores, uno tenía 63, otro 75 y otro 84, todos eran abuelos.

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Extrañada la alegría tomo rumbo a las ciudades, a las grandes ciudades del mundo, allá el panorama era aún peor que lo que le habían contado, tanto que no supo que hacer. Se fue a las vidrieras de una gran tienda a observar las pantallas en los escaparates. En la primera un funcionario hablaba sonriente y haciendo chistes para luego pasar a leer un rosario de muertes y peste, parece hablaba de una monarquía porque mencionaba a cada momento una corona, luego, en todo noticioso cantaba los números como una lotería, en otra pantalla vio imágenes de países en donde grandes ejércitos, vestidos de camuflaje y extrañas armas, buscaban el espécimen invisible. En la pantalla de más allá (un moderno smart TV), se alternaban las imágenes de grandes lideres mundiales acusándose unos a otros de desaciertos y culpas. El corazón de la alegría se contrajo al ver en la pantalla más lejana a un congresista de un gran país quien expresaba que para que la economía no muriera tenían que exterminar a los ancianos, e inclusive pedía con un tono de súplica que por favor los viejitos se dejaran morir en nombre de los capitales e inversionistas del mundo.

La alegría estaba desconcertada, turbada. ¿A donde iría a hacer su trabajo? Cabizbaja comenzó a caminar. De pronto vio a lo lejos la joven figura de la innovación. Concentrada, la innovación trabajaba en un algoritmo que le había encargado un personaje de un pequeño país del Caribe para ¨arreglar¨ unos asuntos electorales y no estaba al pendiente de lo que pasaba a su alrededor.
La alegría se acercó con su habitual tono y le preguntó si podían hablar un momento. La innovación se quedó mirando desconfiada, la alegría es muy amiga del optimismo y de la esperanza y ultimamente habían expresado desacuerdo con algunos proyectos biológicos y de tipo militar en que la innovación estaba colaborando. No obstante, curiosa como siempre, se dirigió a la alegría ¡vamos a ver que quieres ahora!
Se sentaron en un banco rodeado de palomas y la alegría le habló de su viaje, de los jardines mustios y de lo que había visto en le red de pantallas de la tienda, y en cierto modo culpó a la innovación por tantas noticias que no parecían serias y que había visto en una pantallas de computadores que estaban colocados en los tramos más bajos de la tienda.

La innovación bajó la cabeza y aceptó que la mentira le había robado las claves de entrar a las redes y que estaba inundando el mundo con noticias falsas, pornografía, y que muchos del ejercito de la falsedad pagaban por espacio para hacerse pasar por científicos, profetas y videntes, inclusive que la mentira estaba recibiendo una muy buena oferta por su trabajo, le estaban ofreciendo acciones de por vida en los bancos, gobiernos y bolsas más grandes del mundo.

En este punto la alegría le preguntó a la innovación si no pensaba hacer nada para ayudar en el panorama que por todos lados veían desde aquel banco de parque.
¡No se que hacer! Confesó la innovación. Lo mío no es ese campo, eso te pertenece a ti, si quieres podría ayudarte pero tienes que decirme en que.

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Ni tonta ni perezosa la alegría tomó la palabra:
La única forma de comenzar a derrotar lo invisible es con un ejercito de gente que con su espíritu de amor pueda retornar alegría al mundo y tu me vas a ayudar a que eso ocurra.
Desde ese momento la innovación llamó a sus contactos, muchos científicos comenzaron a trabajar en vacunas para combatir el espécimen invisible, se aceleraron los procesos utilizando inteligencia artificial, nanotecnología, la ciencia se ha unido de país en país para compartir experiencias simples y complejas, porque todo vale, todo se publica online. El mundo hospitalario comenzó a compartir cómo los pacientes se podían manejar mejor; ante las dificultades de tránsito y el aumento de flotas de piratas que se apropiaban de la mercancía de otros, comenzaron a hacerse mascarillas domésticas para parar el mal hasta que la industria pudiese suplir la inmensa demanda; a mano, en maquinas de costura, impresoras tridimensionales, azules, lizas, decoradas, mascaras que son hoy el rostro del mundo.

Y un día la gente dejó de llorar y comenzó a moverse, la alegría le había envía enviado un mensaje a la gratitud y los aplausos ya no eran para un victorioso ejercito militar común. Los aplausos, las flores y la gratitud eran para el ejército de mujeres y hombres que inundaron los hospitales para atender a sus hermanos aún a riesgo de su propia vida. Comenzaron a contarse los sanados, los doctores y técnicos, forrados como momias, pintaron sus rostros sonrientes en el pecho de sus vestidos para dejarse conocer por sus pacientes. Para dejarse conocer!

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A pesar de todo, tristemente, muchos médicos y personal de salud se ha ido junto con sus enfermos a las silenciosas fosas, el número de víctimas sigue aumentando, hasta la fecha no sabemos cuando terminará todo esto. Mientras la mentira arrecia porque entiende que es su mejor momento, la tristeza y el desconsuelo siguen su trabajo de acompañar la humanidad por los siglos de los siglos, pero la alegría, la gratitud y la innovación se están llevando la bandera.
La humanidad en un momento paralizada va dejando atrás el miedo, cada día más gente se une al ejercito de sanación porque hasta desde el retiro, con sus manos de amor y compasión, la experiencia viene a colaborar; desde las aulas de término los estudiantes y futuros profesionales vienen a poner su mano; el comercio ha innovado las maneras de entregar sus productos y mantener al mundo abastecido, en silencio los agricultores y productores cultivan frutos y posibilidades.

La alegría encontró un lugar especial en el corazón de la gente que trabaja con el dolor y muchas veces con la imposibilidad. La innovación se ha unido a la esperanza!
Nunca antes se había entendido mejor : ¨El amor supremo consiste en dar la vida por sus amigos¨Juan 15:13

(El 21 de Abril es día de la innovación)

Valle de Bao

A propósito del silencio de estos días les comparto el texto de una publicación que escribí un tiempo atrás pero esta vez acompañada de una imagen del Valle de Bao.
Un remanso de quietud a mitad de camino entre Mata Grande y el Pico Duarte, donde nace el río Bao.
Este, como un niño, deja rodar sus primeras aguas entre pajones que se mesen bajo las pezuñas de los mulos que ramonean en la quietud de la tarde.
Un lugar de encuentro con la paz.
…..
El caminante de montaña está sujeto a diversas pruebas de resistencia física: frío, terrenos inestables, lluvia, noches tormentosas, largos y empinados trechos, precipicios y bajadas.
Pero existe una prueba que no está regularmente en los manuales de parques
y senderismo, es la prueba del silencio.
Las montañas son templos del silencio.
El silencio de las alturas es una prueba de tal magnitud que su disfrute está reservado a aquellos que suelen rondar los ámbitos delicados de la contemplación.


Si no estás preparado para convivir con el silencio en lugar de orientarte te desorientarás ya que él te empuja al encuentro con la más alta es escabrosa de todas las cumbre humanas: tu propio yo.
Y no siempre se acoge ese encuentro con beneplácito. A veces buscamos las distancias de las alturas para que nos alejen de nosotros mismos.


Si el acompañante vibra en la misma sintonía distraída y pasajera, rellenando los tiempos de silencio con distracciones propias de la mundanidad, entonces no habrá dificultad en convivir de segunda mano con las alturas.
Pero si, iluminado, decides poner tu vida en armonía, emprendes el viaje y escucha el viento y las cascadas, mira las distancias y saciado te preparas para estar contigo en esta comunión maravillosa de las alturas; entonces el viaje se transforma en una elevada e íntima experiencia espiritual.

Tu Eres sacerdote para siempre…(Hb 5, 1-6)

El Jueves Santo pasado, día en que recordamos la institución del sacerdocio y pasada la novena de duelo por la partida de Monseñor Pedro Vinicio Disla Almanzar, aún y con la congoja latente me aventuro a escribir esta nota.

Conocí a Vinicio el 23 de Junio de 1973. Un grupo de jóvenes de Estancia Nueva, Moca, habían iniciado el proceso de formación de un club cultural y ese sábado habían convocado a otros muchachos entre los que me encontraba. El motivo de la invitación fue la visita del padre Vinicio Disla quien junto a Monseñor Gilberto Jiménez manejaban la parroquia del Rosario de Moca.


En medio de la reunión se propuso la formación de una directiva para que tomara la conducción de la formación del colectivo. Alguien sugirió mi nombre y por primera vez Vinicio se dirigió a mi con el tono de cariño y hasta cierta picardía que le caracterizaba y que le conocí con los años : ¿Tu piensas que puedes dirigir esta juventud? Me preguntó. -Sí, yo puedo!, le contesté.


El grupo se formó y ya mis compañeros conocen la historia, pero paralelo a ello entre el padre Vinicio y mi persona se desarrollo una amistad que duró viva y fecunda hasta el día de su partida.


Casi 47 años de un vínculo con un pastor que me supo inspirar, fue una fuente permanente de alegría en todo tiempo para mi; un guía espiritual excepcional aún y conociendo lo compleja de mi personalidad.


A pocos meses me involucré en la pastoral juvenil, comenzando con el cursillo en la herradura, acompañaba a Vinicio al programa sabatino Luz en el aire por Radio Amistad e iniciamos un periplo de andanzas por los campos y comunidades bajo responsabilidad de la parroquia del Rosario.


Con Vinicio conocí los pastores de nuestro tiempo y los actuales también. Le gustaba visitar a Mons. Mamerto Rivas en Barahona, a Mons. Tomás Francisco Reilly en San Juan de la Maguana, al padre Benito Taveras (oriundo de mi tierra) en Higuey, pero su viaje preferido era ir con frecuencia a Los Montones a visitar a Mons. Roque Adames.


Como anécdota quiero narrar que un día, muchos años después del inicio de nuestra amistad, me llama y me dice: -Llévate la camioneta roja y ve a Santo Domingo para que traigas a Licey a una persona que trae algunas cosas.


El encargo lo recogí en el Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino. Unos cuantos baúles y un personaje de mirada penetrante: el padre Freddy Bretón (nuestro actual Arzobispo de Santiago de los Caballeros) había regresado de sus estudios en Roma y me tocó traerlo a la casa de sus padres en Licey.


Así, discreto y dador de confianza era Vinicio, un sacerdote nacido del campo y que vivió siendo hombre amante de los montes, de la palabra y de la música.
Un sacerdote para siempre! Un padre espiritual para mi.

 

Máscaras.
La humanidad está siendo empujada lentamente a la honestidad.
Hoy, por conciencia o imposición, todos vestimos máscaras visibles.
Ojalá y después de esta experiencia imponente y desgarradora podamos desvestirnos de estas visibles y de aquellas máscaras invisibles, que son las peores y que muchas veces llevamos puestas en la cotidianidad.
Ese día, desnudos, simples, mostrando nuestro verdadero rostro humano, comenzaremos a sanar,
a renacer de nuevo.
Ojalá!