Con la proximidad de la cumbre de Copenhagen las Naciones Unidas han reavivado el tema del calentamiento global.
Con un fallido protocolo de Kioto que vence próximamente, los científicos y ambientalistas del mundo se movilizan en la buzqueda de un compromiso mayor de las naciones para la reducción de las causas de los nocivos efectos que el mundo desarrollado, con su industria y modos de consumo han inyectado de forma permanente al ser espacial que nos protege y alimenta como especie: el planeta tierra.
De hecho que no es simple ni el trato del tema, ni la aplicación de medidas adecuadas. La humanidad, nuestra humanidad, ha optado por el perfil del derroche y los menos inclinados ha ello tienen el imperativo impulso de subsistir, además, las yagas abiertas que hoy vemos son el resultado de práctica de muchas décadas atrás.
En el caso de nuestro país: prácticas agrícolas incorrectas, la tala de bosques de forma no planificada, la carencia de programas serios para hacer del ambiente una real prioridad, un descontrolado proceso de contaminación de las aguas superficiales y subterraneas, la canalización inadecuada de los desechos humanos e industriales hacia fuentes de agua tradicionalmente dedicadas al consumo humano (precisamente por eso se establecieron alli las poblaciones), la falta de control del crecimiento y movilización poblacional, principalmente por el desinsentivo a la permanencia del hombre en sus ambientes de origen y muchos otros factores que en las últimos años vienen aflorando, son el resultado de muchos años de degradación y ceguera en el control de nuestros recursos.
El hombre, como raza capaz de pensar, le correspondería un desprendimiento de algunos de los ingredientes y costumbres de su sistema de vida, lo que entra en contradicción con los beneficios económicos generados por las grandes corporaciones. Las inversiones en desarrollo e investigación en las áreas de buzqueda de fuentes alternas de energía no andan en proporción a la urgencia que tenemos de salvar nuestra raza.
De lo que si estoy seguro es que el planeta no sucumbirá ya que es un ser vivo superior a nosotros
y aunque sus maravillas son para nuestro disfrute, tiene sus leyes que el hombre no podra cambiar a pesar de todo el despilfarro que hemos hecho de los más hermosos recursos que gratuitamente nos regala. Mientras tanto seguiremos documentando con nuestra fotografías cada amanecer, cada aterdecer y cada belleza ritual de su aparente efimera belleza.
Juan Guzman/fotógrafo.
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