Desde el cielo, desde el suelo, a través de su arquitectura, de sus gentes. Un centenar de retratos de esta ciudad icono, firmados por 90 grandes fotógrafos, cuelgan en La Casa Encendida
NATIVIDAD PULIDO | MADRID
Es la ciudad que nunca duerme (su Metro funciona las 24 horas del día), la más fotografiada del planeta. Woody Allen ha hecho de ella la estrella indiscutible de sus películas. King Kong se encaramó, rubia en mano, hasta lo alto de su rascacielos más emblemático, el Empire State, donde Cary Grant esperó, en vano, la llegada de Deborah Kerr en «Tú y yo», mientras medio mundo desplegaba sus pañuelos. Frank Sinatra la homenajeó dedicándole uno de sus más inolvidables temas. Nunca la Voz tuvo mejor voz. Y los fanáticos borraron del sky line más célebre del planeta, un fatídico 11 de septiembre, sus dos torres más esbeltas y señeras. Hablamos de Nueva York. Ese «hermoso desastre», como la definió Le Corbusier; la ciudad que, si no es la más hermosa, decía Ezra Pound, «no está lejos de serlo».
Uno de los grandes museos de Manhattan, el MoMA, atesora la mejor colección de fotografía del mundo, con más de 50.000 imágenes. Muchas de ellas retratan la ciudad, su poderosa arquitectura vertical, que te aplasta sin apenas dejarte ver un pedazo de cielo; los curiosos personajes que pueblan esta jungla de asfalto, procedentes de todos los rincones del mundo… Un centenar de fotografías, con Nueva York como protagonista única y absoluta, pueden verse desde el viernes en La Casa Encendida. Hasta este rincón de la madrileña Ronda de Valencia se ha trasladado Nueva York, vista a través de los ojos de 90 grandes maestros de la fotografía. Han sacado lo mejor de una ciudad que, como apunta Sarah Hermanson Meister -conservadora adjunta del Departamento de Fotografía del MoMA, comisaria de la exposición y neoyorquina convencida- «se jacta de ser la capital del mundo». Sus habitantes (extraños íntimos), sus abarrotadas avenidas y sus inconfundibles rascacielos apiñados, comenta la comisaria, ofrecen «una abundante materia prima a los artistas y el marco idóneo para el desarrollo de la fotografía moderna».
Iconos de Manhattan
Alfred Stieglitz captó como pocos la magia de sus rascacielos (inolvidable, la imagen del anoréxico Flatiron nevado), Walker Evans retrató desde ángulos insólitos el puente de Brooklyn, Wall Street posa para Paul Strand, Margaret Bourke-White nos muestra Manhattan a vista de gárgola, la de otro de los iconos de la ciudad, símbolo de la modernidad: el edificio Chrysler. Por él no pasan los años. Nos siguen hechizando sus sinuosas formas y sus plateados reflejos. El Nueva York nocturno, una orgía de luces, es inmortalizado por Berenice Abbott o Weegee, el fotógrafo de los bajos fondos de la ciudad. El MoMA, visto por un francés, uno de los grandes, Cartier-Bresson; un alemán retrata vacía la 6ª Avenida: Thomas Struth.
Pero no sólo de arquitectura se nutre esta muestra. Fotógrafos como Cindy Sherman, Diane Arbus, Garry Winogrand o Lee Friedlander disparan con sus incisivas cámaras a la gente que pasea por Times Square, que baila en el Morocco, que acude a animar a los Yankees, que llena los teatros de Broadway, que viaja en Metro, mientras Walker Evans les roba una instantánea. Nueva York continúa posando hoy con el mismo savoir faire de siempre, mostrándonos su «dramático y memorable» perfil, mientras disparamos embobados nuestras cámaras. La retratas una y otra y otra vez, pero siempre nos ofrece una cara distinta. Y todas son fascinantes
(Fuente” ABC. ea)
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Tags: Alfred Stieglitz, MoMA, New York









