Por : Juan Guzmán-Fotógrafo
Como todo arte, el ejercicio de contemplación de una fotografía demanda una actitud protagonista y visionaria. No basta simplemente con mirar y esperar que la imagen u obra, nos susurre particularmente los moviles que llevaron al autor a realizarla. Ante una escultura no podemos ver solo el molde con rasgos humanos.
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Ante una pieza de Vivaldi lo menos que podría ocurrir es imaginarnos las virtudes de cada estación con sus olores y ritmos, borrazca y plácidos instantes de plenitud y tranquilidad. El creador debe participar en toda creación. El vidente debe participar en la obra que mira.
Esta participación tiene como pre-requisito entender la obra, conocer de las circunstancias y condiciones bajo las que fue creada, las motivaciones primarias de quien concibió la misma y mas aún, como esas motivaciones toman su lugar en todo el conjunto expresado. En la pintura, escultura, música o fotografía, deben distinguirse la técnica, el estilo y las cualidades particulares del creador.

Para comprender una obra, en cualquier ámbito del arte, debe previamente estudiarse. Un concepto en decadencia frente al inmediatismo moderno, pero necesario y obligatorio. Esa es la razón por las que tan pocas personas están dispuestas a sacar provecho del disfrute artístico y otros indispuestos a consideraciones críticas ya que el arte requiere de profunda contemplación para entenderse y disfrutarse. La superficialidad en la observación trae consigo falta de comprensión o comprension atrofiada del conjunto de la obra y por ende una experiencia estética insustancial frente a todo lo que una realización artística nos puede llevar a experimentar .

En la fotografía el asunto se profundiza y se presenta con más frecuencia ya que la misma generalmente muestra temas de cierta familiaridad : Un paisaje, Un rostro. El observador asimila los rasgos superficiales de su estructura con rapidez y normalmente no traspaza los linderos un poco más allá. No obstante, entender una fotografía require de conocimiento para dar un paso hacia adelante en su entendimiento. Por tanto quien evalua una fotografía debe saber contestar: Cuando (momento histórico), tema (para colocarle en el nicho expresivo correspondiente), Calidad desde dos ámbitos (transparencia de la técnica y la armonía de los elementos) y por último, no menos importante, estar en la capacidad y disposición de recibir el mensaje que a querido transmitir el artista : humano, social o solamente estético.
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De por si el concepto equivocado de que la fotografía es una imitación disminuida de la pintura, justificado por la orfandad de conocimientos con respecto a sus valores propios, hace más dificil calibrar la misma en el proceso de observación. En realidad la fotografía ha sido defendida más como vehículo de expresión artística que como arte mismo.

Además de estos conceptos, propios de la intelectualidad y conocimientos estéticos del observador, existen cualidades inherentes a la buena fotografía, aquella digna del proceso de observación. Estas cualidades, segun Feininger en su obra -El fotógrafo creativo- son las siguientes:

a) La fuerza, el poder, de llamar la atención y retener la mirada.
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Ante el volumen incommensurable de imágenes fotográficas en el mundo actual el fotógrafo debe evitar lo común, aún en lo cotidiano; debe inclinarse por lo diferente, en el sujeto o en la técnica. Debe evitar, sin embargo, la novedad por novedad, sin sentido, genio, ni gracia. En el amplio mundo de las técnicas modernas el pastelado, saturación, la perspectiva exagerada, la oportunidad que a otro no inspira, siempre manteniendo la naturaleza del tema, son herramientas de novedad.

b) El poder de Comunicar una experiencia.
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Mensaje o significado dirigido al intelecto. Por decirlo de algún modo una buena fotografía es una experiencia educativa. Las fotografías excelentes son el resultado del alto grado de interés que sobre la misma pone el fotógrafo en el momento de su realización.

c) Capacidad de crear impacto emocional.
Si el autor se sintio sobrecogido, excitado, hasta triste al realizarla, debe lograr transmitir esto, parcialmente por lo menos, al observador.

Humor, orgullo, compasión, ira, felicidad, tristeza. La obra fotográfica lo transmitirá en una relación proporcional a los sentimientos del artista, los cuales deben ser auténticos y expresados con honestidad, lo que eleva el contenido de la obra. De forma contraria se caería en lo ridículo, falso y manipulado.

d) Poder de expresión gráfica.

Junto a los elementos de composición, comunes a todas las artes plásticas, la fotografía puede adicionar: contraste, nitidez, movimiento, encuadre, etc, factores que contribuirán a la expresión gráfica adecuada y así a que el mensaje y los sentimientos del autor lleguen con mayor fuerza al público.
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Finalmente, como todo lenguaje, la fotografía toma su nivel a traves del dialogo, comunicación entre fotógrafo y vidente. El grado que esta comunicación alcance dirá de la calidad del mensaje gráfico. Por eso, hoy más que nunca, las técnicas deben utilizarse como colaboradoras de la expresión gráfica, una carga excesiva de tecnicismo es un obstáculo a la comunicación de la idea primaria. La fotografía con una carga de preciosismo técnico aniquilante del mensaje primario se constituye en un monólogo vacio. Si queremos imitar la estética de la pintura abstracta no figurativa cometemos el error de convertir la fotografía en una pieza decorativa, aunque ésta sea exquisita.
Juan Guzman/dfotoart.com

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