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Elizabeth Phipps R. -

Las frutas y los bodegones fueron elevados a categoría de arte, gracias al magisterio de Mariano Eckert.

Santo Domingo.- Paciencia y dedicación. Caballerosidad y sencillez. Carácter introspectivo y reflexivo. Mariano Eckert, en síntesis. Hoy descansa en Maryland su cuerpo.

Su voz, así como la música clásica y romántica que le acompañó siempre durante sus procesos creativos de acuerdo a Cándido Gerón, su más fiel crítico y admirador, están en sus cuadros, en la memoria histórica del arte contemporáneo y en las vivencias que hubo de compartir con quienes le conocieron aún más.

Es posible concebir una imagen del artista dominicano de Washington y sus andares, de sus monumentos como la Galería de Retratos, del homenaje a los Veteranos de Vietnam; la riqueza silvestre local y de su atmósfera templada como la ahora primavera que le ha despedido; fría y acogedora durante el invierno de copos de caída suave; cálida y húmeda, como la tierra caribeña de la cual se negaba a separarse desde su propio interior.

La suya fue una grafía de fino trazo, elegantes formas y perfecto acabado, de gran impacto a la vista, por lucir prácticamente cual fotografía.

El maestro, que reivindicó al bodegón y hubo de dar un giro al romanticismo y con hincapié detallista expuso en su esplendor a los víveres y elementos de la idiosincrasia de su tierra natal, falleció el 27 de mayo pasado en Washington, ciudad que debe estar orgullosa de guardarlo en sus entrañas,
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Las frutas y los bodegones fueron elevados a categoría de arte, gracias al magisterio de Mariano Eckert.

Luego de llegar a la capital norteña en 1947, le siguen treinta años de experiencia en el magisterio, su participación en exposiciones tanto nacionales como internacionales, además de bienales mundiales (premios “San Cristóbal” y el de la Universidad Autónoma de Santo Domingo) entre otros, que son puntos clave de su trayectoria. Y de ello dan testimonio personalidades del arte:

Para Cándido Gerón, Eckert “es un fenómeno único en el universo de la pintura dominicana, debido al dominio de la técnica hiperrrealista característica de sus creaciones, a la atmósfera en la que lucen envueltas sus pinturas y la esencia de ellas en sí mismas.”

El crítico de arte, quien en sus compendios “Pintores Extranjeros y Dominicanos: 1936 ñ 1995”, y “Obras Maestras de la Pintura Dominicana: 1844 ñ 1994” hace referencia a la obra de Eckert, revela que, tanto él como los demás observadores y analistas de las artes visuales, mantuvieron siempre una relación afable con el pintor, debido a su carácter sencillo, caballeroso, paciente y cálido.

“La crítica siempre lo valoró bien, siempre con actitud positiva, debido a su calidad humana y profesional. Asimismo, coleccionistas dominicanos, de clase media y alta siempre han valorado la inusual belleza de sus cuadros.”

Gerón también refiere su habilidad para hacer retratos de anatomía proporcionada, que varios empresarios, artistas y políticos de Quisqueya conservan con mucho aprecio, así como familiares y allegados suyos.

Juan José Bellapart, lo recuerda así: “A Mariano Eckert lo conocí hace años en una exposición de sus obras en Casa de Bastidas. Recuerdo vívidamente cuando me expresó su admiración por la gran labor que realiza el Museo Bellapart en favor del Arte Dominicano, y un día recibí un obsequio muy especial de él: Había realizado un retrato mío como señal de su admiración hacia mi persona.

Este retrato es un recuerdo de él que conservo con mucho cariño. Aunque vivía y trabajaba en Washington, mantuvo siempre el contacto con su tierra, cada año venía a Santo Domingo, exponía sus obras, fue un artista muy activo. Hemos perdido un gran pintor, un maestro de la pintura dominicana, que puede ser imitado pero nunca igualado.”

El pintor Enriquillo Rodríguez Amiama, expone: “Conocí al maestro Mariano Eckert en el 1985 en los días que preparaba una exposición. Siempre estaré agradecido por sus estimulantes elogios. No es común que un maestro como lo era él, elogiara a quien en esa época, apenas iniciaba su carrera artística. La destreza y virtuosismo de sus trazos y pinceladas, fuera carbón, pastel o el óleo, eran tales que podría uno creer que es fácil pintar.

Sólo el que se ha enfrentado a un lienzo en blanco, sabe que no es así. Pero Mariano tenía el don. Más de veinte años después recuerdo a ese gentil hombre, que fue dotado por Dios de una de las manos y vista más exquisitas para plasmar la realidad e impregnarla de poesía. Un cultor de la belleza, un caballero. Mariano Eckert un artista que vivió para el arte y deja un legado que nunca se olvidará.”

Fernando Ureña Rib se siente consternado por la noticia de la muerte del maestro. El escribió que: “Su quehacer pictórico tiene como foco de atención fundamental el testimonio que la luz deja a su paso sobre los mas diversos objetos. En Mariano Eckert la luz es la protagonista y con ella logra, con envidiable habilidad e ingenio, oquedades, trasparencias y volúmenes. Estamos frente a un maestro de las técnicas del claro-oscuro, frente a una mirada aguda e incisiva del mundo y de las cosas”.

Por último, el intelectual y crítico de arte Manuel Núñez, considera al fenecido al artista como un: “Excelente y depurado retratista. Hizo uso impecable de la pintura de realidad cuasi fotográfica y del neorrealismo. Fue un trabajador incansable. De ello son testimonio las exposiciones depuradas que hubo de presentar año tras año, tanto en suelo nacional como extranjero. Dio giro al bodegón y le imprime aires criollistas, con lo que se separa del clasicismo europeo, aunque no se divorcia de él por completo. Eckert, persona caballerosa, accesible, de obra minuciosa, voluptuosa y ejemplar”.

(fuente: Listin Diario.com.do)

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