Los hechos e incidentes biográficos de un artista constituyen la parte menos importante de su geografía vital.
Damián Arias Matos
En la Sala Federico Izquierdo del Palacio Consistorial de Santiago de los Caballeros, República Dominicana se presenta, desde este jueves 12 de junio, la Exposición “Dominicanto” del Maestro Ricardo Toribio.
Los hechos e incidentes biográficos de un artista constituyen la parte menos importante de su geografía vital. Los accidentes de la vida cotidiana pertenecen a los vulgares. Del artista importa y debe importar su biografía creativa.
Por eso de Ricardo Toribio solo diremos que nació un 11 de abril de 1965 en Monte Adentro, Santiago de los Caballeros. Todo lo demás e inartístico que le ha pasado no lo hace excepción entre los comunes mortales.
Acaso por eso nos describe en estos “Dominicantos”, los montes, las cañadas, los ríos, y las llanuras de su mapa creativo.
El nombre mismo, fruto de la conjunción de dominicano y de canto, acusa o deja entrever, por un hilillo tentador, que se trata de mostrar la musicalidad, el lirismo creativo y las iconografías de lo dominicano.
El título de una exposición puede ser una pista pero también una trampa. Acaso debería prohibírseles a los artistas que titulen sus exposiciones. Sería mejor anunciar que se mostrarán unas nuevas creaciones, unos nuevos partos e incitar a la gente a ir a verlos.
El arte, el buen arte, es tan inútil como desprovisto de nacionalidad. Es una especie de anacoreta sin cédula de identidad ni domicilio, llamado a rodar por el mundo, narrando, gritando o susurrando a los oídos cómplices, las miserias, temblores y vaivenes de la humana condición.
Por ello asumimos el arte como anacional, como desprovisto de la marca del espacio geográfico en que nace, aunque tenga, invariablemente, las marcas y estigmas del pueblo que los pare.
En el arte hecho en la diáspora, asoma siempre la cabeza del padre, algún lunar, algún antojo, alguna sombra o brillo distintivo, pero no por eso se debe dividir el arte en ismos, clasificándolo geográficamente.
Lo antes dicho pretende explicar que los dominicantos de Toribio no persiguen una expresión estética únicamente dominicana. Insular y nacionalista. Toribio no ata sus creaciones a los colores del patio solamente. El que es un gran colorista, se refugia en la paleta caribeña para desplegar sus creaciones sobre el agredido lienzo.
Ricardo Toribio es un artista total. Maneja tanto la pluma como el pincel, en una conjunción poco común. Los señores del pincel generalmente no se llevan bien con la pluma ni con el uso de la palabra.
Pero Ricardo también es compositor y ejecutante de la guitarra y varios instrumentos de percusión, siendo maestro empírico de música para sus hijos, con el grupo musical La Parcelita.
Además es Sociólogo de profesión, aunque, nos atrevemos a afirmar que su verdadera profesión es la pintura, siendo galardonado en 1996 con el Primer Lugar en el Concurso de Afiches. Ganando ese mismo año el Primer Premio de Pintura en el Concurso de Arte Eduardo León Jimenes.
Ricardo es también poeta y escritor de fina prosa. Sabe hilvanar palabras tejiendo frases de manera magistral. Una conversación con él nos hace conocer más y más del mundo, en frases profundas pero presentadas con sencillez.
La aldea colorida, árboles y senderos, casas que parecen volar, caminos y paisajes preñados de lirismo están presentes en estas obras, como mostrando el mundo ideal que el Maestro Toribio sueña.
El mismo maestro, con palabras propias, nos define a Dominicanto diciendo ¨es una isla, vista desde el cielo, pero cuando te acercas te das cuenta, que este brillante lucero es un archipiélago, lleno de pequeñas islas que flotan sobre la laguna azul, bajo un árbol llenito de estrellas, y una de esa estrellas bella viene diario a visitar
Por eso en dominicanto todos los días es pa celebrar la fiesta de la luz, y el color es mas brillante que en todo lugar, los seres que habitan aquí también son de colores, y llegaron hasta aquí en pequeñas y grandes embarcaciones, vinieron los rojos, los amarillos, los azules, y poco a poco se han mezclado, y ahora los seres son entre lo claro y lo oscuro,
Entre el día y la noche, entre la luna y el sol en fin una nación, de seres multicolor, quienes reciben con alegría a todos los que vienen en busca del sol,
Tráigame a mi una matita quien me venga a visitar para recordar su visita y sabérsela cuidar, y si acaso la plantita al fin se pueda prender, les guardare una guanábana para que quieras volver por que en dominicanto esta creciendo un paraíso el sueño esta despertando invadiendo de esperanza hasta ultimo rincón, mas allá del infinito, el bosque vino de turista encantando la nación, por eso en Dominicanto se celebra con amor como está creciendo el bosque si nos aprendemos este son, esa higuera de mango se la puede usted comer, su abuelo sembró la matita creo que fue eso, antes de ayer¨.
Veintiún trabajos componen esta muestra individual de Ricardo Toribio que trae a Santiago gracias a la Subsecretaría de Cultura, luego de colgarla en Casa de Teatro. Acerquemos el oído, reverentes, a escuchar estos dominicantos de Ricardo Toribio.
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Tags: Arte, Dominicano, Dominicantos, mar, Pintura, Ricardo Toribio, Santiago de los Caballeros









