El salón Sonimagfoto, que empieza hoy en Barcelona, ofrece una buena oportunidad para conocer las últimas novedades en este terreno y valorar la revolución que ha significado esta nueva manera de hacer fotos, también plantea incógnitas. Una de ellas, la reconversión de miles de tiendas de barrio que sufren el bajón del carrete y del papel y que buscan nuevos servicios para sobrevivir.
“Para el usuario, la facilidad de uso y la democratización son los rasgos principales de la fotografÃa digital. Son los elementos que la han convertido en un juguete para todos los públicos”, explica Romà Gubern, catedrático de Comunicación Audiovisual en la Universitat Autònoma (UAB). “Antes la fotografÃa era una actividad técnica que estaba en manos de expertos. Ahora se ha ampliado su público y se ha trivializado. Esto no es bueno ni malo; es diferente. Hay cosas positivas, como que cualquiera puede captar algo que tenga interés y publicarlo en internet. Y cosas negativas, y paradójicas, como la pérdida del valor testimonial que la fotografÃa tenÃa como documento. Con programas como el Photoshop es casi imposible ver los retoques, y se hace más difÃcil creer en una imagen”.
Con tecnologÃa digital, han aumentado tanto el número de usuarios como el número de imágenes que capta cada uno. Ambos hechos tienen fácil explicación: cuando ya se tiene la cámara y la tarjeta de memoria, una foto digital no acarrea coste, y el usuario, liberado, toma muchas imágenes asegurarse o por simple placer de hacerlo. La facilidad de uso propicia que cualquiera se atreva a sacar fotos sin tener la presión de estar haciendo algo trascendental.
En España, sin contar los móviles con cámara, en los tres últimos años se han vendido más de dos millones de equipos fotográficos digitales anuales y este 2007 se llegará casi a tres. En su mejor momento, la fotografÃa analógica no pasó del millón y medio de cámaras anuales. Más cifras: “Los datos más conservadores dicen que, de media, una cámara digital capta más de 600 imágenes al año, mientras que antes la media de consumo nacional era de un carrete de 24 fotos por habitante y año”, señala Salvador Luna, responsable del área de cámaras digitales en Fujifilm. “Ahora tomamos más imágenes. Tienen cámara personas que nunca la habÃan tenido y en muchos hogares hay más de una máquina”.
Reinventar las imágenes
Con la tecnologÃa digital, las tarjetas de memoria han sustituido al carrete. De la espera de dÃas para ver las fotos hemos pasado a visualizarlas al momento en la pantalla de cristal lÃquido que tienen estas cámaras y que es uno de los rasgos que ha cautivado a los usuarios. En lugar de la impresión en papel o en diapositivas, ahora muchas fotos se almacenan en el disco duro, se graban en un CD o se cuelgan de internet. Y abundan las cámaras que corrigen automáticamente algunos elementos y el software que permite alterar y reinventar las imágenes.
El gadget también ha cambiado. Hace nueve años, las primeras cámaras digitales de consumo no llegaban al millón de pÃxeles de resolución, guardaban unas decenas de fotos y costaban entre 70.000 y 80.000 pesetas (unos 415-475 de los actuales euros). Ahora tienen hasta diez veces más resolución, guardan miles de fotos, llevan lentes de calidad, sistemas avanzados para procesar las imágenes y su precio oscila entre los 100 y los 400 euros. La evolución de las marcas ha sido inevitable y hasta las firmas históricas de la fotografÃa han tenido que adaptarse a un mercado en el que las cámaras se han convertido en gadgets electrónicos de gran consumo.
La integración en el móvil es otro fenómeno importante, ya que actualmente el 70 por ciento de los terminales lleva una cámara incorporada. Las resoluciones fotográficas de 3 millones de pÃxeles empiezan a ser habituales, Nokia comercializa el N95, que lleva una cámara de 5 millones y la mayorÃa de los móviles también graban vÃdeo.
Las imágenes tomadas en la guerra de Iraq o en el atentado del metro de Londres dieron la vuelta al mundo y avisaron del poder que implica la ubicuidad de la cámara digital. Sólo hay que ver la proliferación de cámaras anónimas en cualquier situación interesante, sea Ronaldinho en el Camp Nou o un famoso por la calle. El lado negativo es el efecto voyeur detectado por su uso en vestuarios, saunas, hospitales o tribunales. Esto ha hecho que se vete su utilización en ámbitos en los que atenta contra la intimidad de las personas.










