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Mariusa Reyes
BBC Mundo, México |
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No me maltraten tanto a la oscuridad porque para que una foto exista tiene que haber claro y oscuro
Eladio Reyes Arias perdió la vista cuando apenas tenÃa quince años. Mientras jugaba un partido de fútbol, recibió un golpe tan fuerte en los ojos que lo dejó ciego casi de inmediato.
Pero el ser invidente no le ha impedido incursionar y desarrollarse en disciplinas que, algunos podrÃan pensar, no estarÃan al alcance de una persona ciega: la fotografÃa y el cine.
Para él, más que para nadie, la frase de que “para que haya luz debe haber oscuridad”, resuena como una verdad absoluta.
“El universo es oscuro y la oscuridad engendra la luz. Creo que el hombre es muy injusto con la oscuridad. La oscuridad deberÃa valorarse más. El hombre le teme a la oscuridad. No me maltraten tanto a la oscuridad porque para que una foto exista tiene que haber claro y oscuro”, dice Eladio a manera de reflexión.
Comunicando sentimientos
En Cuba, donde vive, Eladio tiene ya más de diez años dictando talleres de fotografÃa a ciegos. Por estos dÃas está en México, compartiendo sus conocimientos con la Asociación “Ojos que sienten”, una agrupación civil que funciona en la capital mexicana desde hace apenas un año y que se dedica a enseñar el arte de la fotografÃa a personas ciegas o débiles visuales.
La idea del proyecto fue concebida y luego cristalizada por la fotógrafa Gina Badenoch, quien después de realizar estudios de Imagen y Comunicación en Inglaterra, regreso a México, su paÃs, con la inquietud de entrenar a las personas que carecen de visión en cómo utilizar una cámara para crear sus propias imágenes.
“A mà lo que más me interesaba hacer con mis fotografÃas era comunicar lo que sentÃa: todo el proceso creativo, el poder imaginarme cosas, el poder sentir, el escuchar”
“Fue como muy claro para mà que una manera de abrir un canal de comunicación entre personas que ven y las que no ven, era a través de imágenes, por más que sonara algo muy loco y utópico”, le comentó Badenoch a BBC Mundo.
Fotografiando la imaginación
En los talleres que se realizan en la sede de la asociación, la parte teórica y conceptual del arte de la fotografÃa es crucial.
Pero, ¿qué significa poder tomar fotos, para todas y cada una de las personas que están aquà y que no pueden ver, ya sea porque nacieron sin vista o la perdieron luego?
“Regularmente el ciego lo que trata de plasmar es lo que se imagina al tener ese objetivo. Le pongo un ejemplo: si yo voy caminando por la calle y oigo una risa, yo trato de localizar esa risa y la identifico si es una risa de una mujer, un hombre o un niño”.
“Entonces la idea es imaginarse por qué se estaba riendo la persona, y plasmar eso en mi fotografÃa”, me explicó Miguel Ãngel, quien perdió la vista a los nueve años y acaba de comenzar el taller en “Ojos que sienten”.
Sensibilizando a la sociedad
Para LucÃa Guzmán, otra de las personas que asisten al curso, la fotografÃa es, simplemente, “algo maravilloso” y además un canal para sensibilizar a la sociedad.
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La fotografÃa que tomé de unos hermosos tomates en un mercado popular, resultó ser muy parecida a lo que me imaginé.
“En la fotografÃa lo que intento plasmar es seguir demostrando a la gente que aunque carezcamos de la vista, no quiere decir que nuestros demás sentidos quedan allà pasmados. Al contrario, con esto intentamos sensibilizarlos de nuestro mundo oscuro”.
El proyecto de Gina Badenoch tiene un perfil integral.
La idea es que los alumnos invidentes salgan a la calle a tomar sus fotografÃas y aprovechar de intercambiar con la comunidad para enseñarles que una persona ciega es como cualquier otra, y que son muchas las cosas que pueden hacer.
A tÃtulo personal
Algo que me dejó gratamente impresionada fue cómo José, uno de los jóvenes ciegos, me dio una estupenda clase de fotografÃa.
Para ello tuve que cerrar los ojos y por unos instantes estuve sin ver nada, sólo a merced de mis otros sentidos, y guiada por su voz.
La fotografÃa que le tomé a unos hermosos tomates en un mercado popular, resultó ser muy parecida a lo que me imaginé.
La experiencia fue muy reveladora para mÃ. Pero lo que más me sorprendió fue la seguridad y la confianza en sà mismo que mi maestro José demostró durante todo el proceso. Es como si para él, ver o no ver no tuviera ya mayor relevancia.
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