Instantánea de Robert Frank en una arteria de New York, tomada desde un autobus en 1958
La National Gallery de Washington presenta una exposición sobre los fotógrafos de Nueva York, con especial acento en ese suizo emigrado a Estados Unidos.
La exposición destaca el papel crucial de Robert Frank en la evolución de la fotografía estadounidense.
Nueva York es una ciudad que raramente deja indiferente. Se ama o se detesta. A veces, las dos. Pero siempre se encuentra fotogénica.

De finales de los años 30 a finales de los 50, numerosos fotógrafos quedaron cautivados con Nueva York. Contrariamente a sus predecesores, ellos volvieron la mirada de la arquitectura vertical de los rascacielos para intentar proporcionar visualmente el dinamismo y la soledad engendrados por la transformación de esta ciudad en megápolis.
Muchos de estos fotógrafos, recién emigrados de Europa, posaban una mirada nueva sobre Nueva York. Uno de ellos, el suizo Robert Frank, desempeñó un papel particularmente innovador y se convirtió en punto de referencia en la evolución de la fotografía estadounidense.
Un enfoque libre e intuitivo
“Robert Frank se distanció de la fotografía estadounidense de los años 30 con un enfoque más libre, más intuitivo y más espontáneo que le permitió intensificar su visión personal”, declara a swissinfo Sara Greenhough, directora de las colecciones de fotografía de la National Gallery de Washington.
“Más tarde proyectó la fotografía estadounidense hacia lo que se convirtió en los años 60 y 70″, subraya la comisaria de la exposición ‘Las Calles de Nueva York: 1938-1958′ que presenta el museo hasta el 15 de enero.

La exposición rinde homenaje particular a Robert Frank y a su amigo Walker Evans, con la exposición de sus obras presentadas entre 1938, fecha de la publicación del libro ‘ Fotografías estadounidenses’ de Walker Evans, y 1958, fecha de la publicación de ‘Los estadounidenses’ de Robert Frank.
“Estas dos obras son verdaderamente las bases de nuestra exposición y de ese período en la evolución de la fotografía estadounidense”, explica Sara Greenhough.
Robert Frank.
Robert Frank. (Keystone)
El negro y blanco
“El primero encarna la fotografía de estilo documental con imágenes cuidadosamente compuestas, y el libro de Frank, inspirándose en las ideas de los años 30 y 40, va a influir muchísimo en los años 60 y 70 invitando al espectador a compartir la experiencia personal y directa que tiene del paisaje estadounidense, urbano u otro”.
Llegado a Estados Unidos en febrero de 1947, el emigrado suizo es reclutado por la revista De Harper Bazaar desde el mes de abril siguiente.
Bajo la batuta del fotógrafo y director artístico ruso de la revista Alexeï Brodovitch, Robert Frank y otros fotógrafos del Bazaar, entre los cuales Richard Avedon, hacen ver Nueva York en negro y blanco. “El negro y blanco es la visión de la esperanza y de la desesperación y es lo que quiero en mis fotos”, dirá Robert Frank.
Una ciudad brutal y dura
“Frank veía en Nueva York una ciudad brutal y dura donde el individuo se siente a menudo solo, pero por otra parte, veía también una cierta belleza”, subraya Sara Greenhough, la comisaria de la exposición de la National Gallery.
Pero muy pronto, al fotógrafo zuriqués le irritan las exigencias comerciales de la prensa estadounidense. “No había espíritu en Harper Bazaar y lo único que contaba era hacer siempre más dinero”, lamenta.
Robert Frank renuncia a la revista en octubre de 1947. Aunque sigue publicando fotos de vez en cuando como periodista independiente, tendrá dificultades en vender su trabajo a las revistas estadounidenses.
Negativas de la revista Life
“Sus fotos fueron consideradas como demasiado personales por los responsables de las revistas y luego, más que otros fotógrafos de la época, a Frank le costaba hacer compromisos sobre su libertad creadora”, anota Greenhough.
Durante años, las fotos de Robert Frank fueron rechazadas por la revista Life, pero compradas por numerosas publicaciones en Europa. Con la ayuda de Walker Evans, Robert Frank obtiene una beca de la fundación Guggenheim que le permite viajar con su familia a través de Estados Unidos para preparar su libro ‘Los estadounidenses’.
La obra es publicada sin embargo primero en París en 1958, antes que en Estados Unidos un año más tarde.
Compuesto por 83 clichés, ‘Los estadounidenses’, subraya la directora de las colecciones fotográficas de la National Gallery, ahonda en la superficie del modo de vida americano y revela un sentimiento de profunda alineación”.
“Más una oda o un poema que una descripción literal, ese libro influyó considerablemente en los
fotógrafos más jóvenes que trabajaron en los años 60 y después”, concluye Sara Greenhough.

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