Del 17 de mayo al 23 de julio de 2006, en la Abadía del Monasterio de Santo Domingo de Silos, Burgos
Organiza: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Lucio Muñoz (Madrid, 1929-Madrid, 1998), quizás uno de los artistas más personales del informalismo desarrollado en España a mediados del siglo XX, utilizó la madera para sus obras en buena parte de su producción, siendo una constante a partir de 1958, cuando se convierte en el propio soporte, y siempre actuando sobre ella mediante hendiduras, arañándola o quemándola. Con cada uno de esos gestos el artista manifestaba el proceso creativo interior, que le llevaría a variar su forma de trabajar según las épocas. La madera es precisamente la que nos lleva hoy a centrarnos en el trabajo de este artista, con cuya obra se acaba de inaugurar una exposición en la Abadía de Santo Domingo de Silos.

Allí, permanecerán expuestas hasta el próximo mes de julio trece tablas realizadas en técnica mixta por Lucio Muñoz entre los años 1994 y 1996. En todas ellas, pertenecientes en su mayoría a la colección familiar, se ha querido ver un punto de conexión con piezas de altar que podemos encontrar en diferentes civilizaciones desde la Antigüedad, algunas de las cuales interesaron mucho al artista. En este sentido, la pieza llamada Cella, de la que se podría decir que es el centro en torno al que se ha organizado esta muestra, es un homenaje a la cultura sumeria. El altar, como núcleo del templo, como lugar sagrado en el que se encuentra la divinidad, independientemente de las culturas, fue denominado por muchas civilizaciones con la palabra latina Cella, que significa celda o cámara, también referido a otro espacio importante en las viviendas, como era el lugar donde se almacenaba el grano, e incluso podría aludir a una parte de
nuestro propio interior. Por la simplicidad, la desnudez y el sentido natural de las piezas expuestas, es inevitable ver en ellas semejanzas con esos altares a los que los organizadores de la muestra hacen referencia y que si bien no fueron concebidos como tales por el artista, permiten esta relectura de su trabajo acorde con la interpretación de los que mejor le conocieron y en relación con una de las obras más significativas y espectaculares llevadas a cabo por Lucio Muñoz: el ábside del Santuario de Aranzazu, en Gipuzkoa, en 1962.

Rodrigo Muñoz, hijo del artista y comisario de la muestra, ha señalado la conveniencia del lugar para mostrar este grupo de obras, así como la ilusión que, en su opinión, esta exposición habría hecho a su padre, ya que por el carácter de las piezas, pocos entornos podrían arropar así las obras de Lucio Muñoz, en perfecto diálogo con la piedra y la sacralidad de la Abadía.

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