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El laureado fotógrafo mexicano Gabriel Figueroa, quien aprisionó no sólo los colores, las luces y las sombras con su cámara, sino que retrató el nacionalismo en más de 200 cintas, nació el 26 de abril de 1908, en la Ciudad de México.

Figueroa, quien murió un día después de cumplir 89 años, el 27 de abril de 1997, fue pieza fundamental de la Epoca del Cine Mexicano y es recordado por su trabajo en películas de fama internacional como “Allá en el rancho grande”, “Los olvidados” y “Viva Villa!”, entre otras.

Creció en el seno de una familia acomodada, fue criado junto con su hermano Roberto, por sus tías, tras la temprana muerte de su madre y el abandono de su padre, quien fue incapaz de sobreponerse a esa pérdida.

En su juventud, se interesó por la pintura y estudió en la Academia de San Carlos, aunque a los 16 años descubrió su pasión por la fotografía gracias al retratista José Guadalupe Velasco. Tiempo después se hizo amigo de los fotógrafos Gilberto y Raúl Martínez Solares.

En 1932 dio sus primeros pasos en el cine como fotógrafo de tomas fijas. Un año más tarde fue uno de los 20 camarógrafos contratados para la filmación de “Viva Villa!”, de Howard Hawks.

Tras algunos trabajos como iluminador, Figueroa recibió una beca para estudiar en Estados Unidos. Allí conoció a Gregg Toland, uno de los mejores fotógrafos de cine de todos los tiempos, quien le enseñó su particular estilo de iluminación.

Su primera película como fotógrafo fue “Allá en el rancho grande” (1936), de Fernando de Fuentes, con la que obtuvo por primera ocasión un premio internacional, en el Festival de Venecia.

En total, Figueroa fotografió 208 películas y recibió decenas de premios. Además de las cintas que filmó junto a Emilio Fernández, dos de sus trabajos más memorables fueron “Los olvidados” (1950), de Luis Buñuel, y “La noche de la iguana” (1964), de John Huston.

Las herramientas visuales en los procesos de creación no fueron suficientes, por lo que se convirtió en inventor, a partir de realizaciones plásticas y experimentos de física pudo regalarle al cine nuevas fórmulas de composición de cuadro.

En el trabajo de Figueroa destacan los claroscuros, nuevas perspectivas, la composición de espacios abiertos en los que celebró a la naturaleza como personaje principal.

Siempre demostró fascinación por lo que veía y con entusiasmo y entrega mostró cómo miraba un hombre libre y virtuoso de personalidad alegre.

Otras de las cintas que le dieron gran prestigio son “La Perla” (1945), film que se hizo acreedor de tres galardones en Venecia, Italia; Madrid, España y Hollywood, Estados Unidos; “Almas encontradas” (1933), “Chucho el roto” (1934) y “El primo Basilio” (1934).

En seis décadas de actividad, recibió diversos galardones entre los que destacan el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en 1971; el Premio Salvador Toscano de Ciencias y Artes al mérito cinematográfico, y la atribución de su nombre a una sala de cine.

Para Figueroa, dicen sus biógrafos, cada imagen escondía una tensión y fascinación, indiferencia e inocencia, una realidad que se prolongó hasta el infinito; creyó en las sombras y escuchó el grito de la naturaleza desde el silencio de su lente.

Gabriel Figueroa falleció el 27 de abril de 1997 y su muerte estuvo presidida por varios reconocimientos como la proyección de 12 películas y 42 fotografías en la Cineteca Nacional, la presentación de 26 imágenes de platino en Argentina y la exhibición de 26 gráficas en su honor en Caracas, Venezuela

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