En una pequeña localidad de Michoacán una familia ve a un halcón merodeando por el gallinero. Sergio, el hijo de 21 años, coge la escopeta y se dirige hacia el gallinero para acabar con el depredador. La familia oye un disparo, el muchacho yace en el suelo, con una herida de bala en la cabeza, la escopeta se disparó accidentalmente.
Cuatro años antes, en otra localidad del mismo municipio, hay una sencilla casa de adobe y teja donde vive Sonia, una chica de 20 años a la que acaban de detectar una enfermedad incurable en los riñones. Es atendida en un hospital privado y empieza a recibir tratamiento sustitutivo de diálisis peritoneal. Varias veces al día introduce en su abdomen a través de un cateter un líquido que ayuda a realizar la labor de filtrado que sus riñones ya no pueden hacer.
La familia lleva al chico a varios hospitales cercanos, pero les recomiendan acudir a Morelia, donde hay mejores especialistas y medios técnicos. En el Hospital Civil de Morelia los médicos reciben al chico, por quien ya casi no se puede hacer nada.
En los últimos meses, la salud de Sonia ha empeorado. A pesar del cuidado que pone para evitar las infecciones, ha tenido algunas complicaciones y el sistema de diálisis peritoneal ya no se puede emplear. Los médicos deciden pasarla a hemodiálisis. De dos a tres veces por semana, Sonia estará conectada a una máquina que filtrará toda su sangre en un proceso que dura de dos horas y media a tres.
El martes 22 se comunica a la familia de Sergio su situación irreversible; se les explica que tiene muerte cerebral y que ya nada se puede hacer para devolverlo a la vida. Y se les propone la donación de órganos para dar vida a otras personas.
Sonia llegó al Hospital Civil de Morelia en diciembre de 2004, después de oír que en ese hospital existía un programa de trasplante renal. Los médicos le hicieron pruebas y la incluyeron en la lista de espera de riñón, ya que no había en su familia ninguna persona que pudiera donárselo en vida.
Los familiares de Sergio aceptan la propuesta de los médicos, y en la madrugada del 22 al 23 de marzo los cirujanos extraen los riñones y el órgano del muchacho.
Sonia es llamada al Hospital Civil. Le toman sangre y la muestra viaja a Guadalajara, junto con el hígado y muestras de sangre de Sergio y de de otro paciente que también está enfermo de los riñones. En Guadalajara se hacen las pruebas cruzadas, para determinar la compatibilidad entre el donador y los posibles receptores.
Hacia las siete de la tarde del día 23, Sonia entra en el quirófano, la anestesian y a las siete y media empieza la operación. Es una intervención larga y complicada, más difícil aún por el delicado estado de salud que presentaba ella en los últimos días, como consecuencia de su enfermedad.
A las dos y media de la mañana del día 24 concluye la operación. Sonia va despertando, desorientada, débil y adolorida. Los médicos la tranquilizan, le dan un calmante y la única noticia que importa: “Sonia, ya acabó la operación, ya te operaron, ya tienes tu nuevo riñón”.
A las diez de la mañana del día 24 el otro paciente, un joven de la misma edad que el donador, entra a quirófano y el milagro se repite, esta vez con menos dificultades, ya que apenas tenía un año con insuficiencia renal y aún no presentaba los estragos de esta enfermedad.
Los dos riñones funcionaron en sus nuevos organismos. Aún es pronto para descartar un rechazo o alguna complicación, pero Sonia y el chico de 21 años se van recuperando en el hospital.
La foto corresponde a la operación de Sonia. Por cierto, los nombres son supuestos, el resto de la historia, salvo errores achacables a quien esto escribe, es cierta.
Uploaded by Arantxata on 28 Mar ’06, 3.56am VET.
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